Mi mamá me rentaba con sus amigos por 500 pesos. Hasta que la maté


Dicen que el amor de madre es el más puro y bonito que experimentamos en la vida; sin embargo, existen algunas mujeres, que estamos seguros, jamás debieron de haber tenido hijos, pues su falta de sentido común y su falta de humanidad, las ha llevado a cometer las peores atrocidades e injusticias en contra de sus propias criaturas. Hoy te contaremos una historia que te romperá el corazón. 


Toda esta información fue obtenida de una carta que escribió con su propio puño, la víctima de estos acontecimientos. 

“Desde que yo era muy pequeña, mi mamá me decía que las mujeres solo servimos para una cosa, para servir. Me decía que nosotras debemos prestarnos para realizar todo lo que los hombres nos pidan y que solo existimos para cumplir esa labor. Yo no conocí a mi padre, así que mi madre fue la que se encargó completamente de mi crianza, era muy dura, estricta y contradictoria. Ahora que he crecido, entiendo que debí haberme marchado hace mucho tiempo. 

Mi madre siempre tuvo un problema fuerte con el alcohol, no había un solo día en que ella no tomara. Después de que se fue mi padre, las cosas empeoraron dramáticamente. 

Desde que tengo memoria, recuerdo a mi madre tomando, gritando e insultando. Cuando yo tenía 7 años, me mandaba a pedir limosna, alegando que yo era la responsable por la que mi papá se hubiera marchado. Todas las mañanas sin excepción, salía a las calles a pedir monedas, recorría los mercados y los sitios de taxis, me hice de muchos amigos que me invitaban a comer de vez en cuando, siempre estaré agradecida con ellos. 

Desgraciadamente, el dinero que juntaba nunca era suficiente, y como castigo, mi madre me golpeaba hasta que se cansaba, más de una vez me dejó inconsciente. La verdad es que mi infancia no se la deseo a nadie. 

Cuando cumplí 12 años, las cosas empezaron a cambiar, mi madre ya no me gritaba, al contrario, me decía que me estaba poniendo muy linda, pero yo ya no confiaba en ella; sin embargo, ingenuamente, por un momento pensé que mi madre había cambiado.

Así pasó el tiempo, ella dejó de gritar y ofender, pero una noche cualquiera, la casa se llenó de hombres extraños que curiosamente todos parecían estar muy interesados en mí, todos me miraban con unos ojos que hasta hoy entiendo, eran de deseo, un deseo enfermo y visceral. No tenía idea lo que seguía, yo era apenas una niña. Debí huir en ese momento.


A la noche siguiente, escuche risas en el piso de abajo, eran mi madre y un extraño hombre que la acompañaba. Baje a ver quien era, y ella me dijo que pasaría un rato con ese hombre, que era momento que le devolviera todo lo que ella había hecho por mi. El hombre me tomó del brazo y me llevó al cuarto, donde empezó a tocarme de una manera desesperada y ruin. Empecé a gritar con todas mis fuerzas, pero mi madre subió y me dijo que si no me callaba me mataría a golpes, así que cerré los ojos y traté de sacar mi mente de las manos de ese asqueroso hombre, gordo y moreno, que sudaba mientras tocaba mis partes y se desabrochaba el pantalón. 

Lo demás, no necesito contarlo, ustedes saben perfectamente lo que pasó. Desde ese momento, perdí toda la noción de la realidad, cada noche llegaba un hombre diferente que pagaba 500 pesos y hacía conmigo lo que quisiera, no recuerdo cuantos me visitaron, he perdido la cuenta, pero de lo que estoy segura es que desde la primera noche, yo ya no era una niña, era un fantasma. 

Después de 5 años de realizar lo mismo, maté a mi madre y no me arrepiento, la maté viéndola a los ojos, la maté con un cuchillo que enterré en su garganta, la vi morir en mis brazos y ese fue el día más hermoso de mi vida. Esa mujer me convirtió en algo que no quería ser, acabó con mi inocencia y con mi cuerpo, me vendió por dinero a sujetos enfermos y desalmados, esa mujer no quería una hija, quería la muerte y quería llevarme a mi “entre las patas”. 

Después de que cometí el homicidio, hable a la policía. Yo todavía no cumplía los 18 años, por lo que me llevaron a una cárcel para menores. Me sorprendió saber que mi historia se repetía en muchas chicas y chicos que estaban en ese reclusorio, mi madre no era, como yo pensaba, la peor madre del mundo, por lo que me  contaron mis compañeros de celda, el mal no tiene límites y está en todas partes.

Afortunadamente salí a los dos años, me dejaron ir por buen comportamiento y pude terminar la secundaria en el proceso. Mi plan, era mantenerme trabajando y seguir estudiando. Ha pasado mucho tiempo, lo logré, rento un pequeño departamento y he podido vivir en paz con todos esos horribles recuerdos. De vez en cuando regresan las pesadillas, pero me calmo cuando pienso que Dios no puede ser tan malo, no me puede dar más dolor, yo ya pague toda mi cuota”. 


Recomendados


Artículo recomendado
BADABUN te recomienda