Llegar virgen al matrimonio arruinó mi vida. No cometas el mismo error


La idea de seguir ciertos estándares conforme vas creciendo es un tema que hasta la fecha causa muchos problemas, más que nada a las chicas, a quienes se les dice que tienen que hacer todo perfecto y esperar hasta conocer al “verdadero amor” para casarse o tener relaciones. El caso es que están siendo educadas para seguir un patrón que muchas veces suele ir muy mal, ya que la presión es tanta que se pueden llegar a tomar decisiones en contra de la voluntad de la mujer.


Eso fue lo  que le pasó a la señorita de este testimonio, quien por seguir lo que se le enseñó toda su vida, experimentó algo que no se le desea a ninguna mujer.

“Desde muy pequeña siempre me enseñaron a ir a la iglesia cada domingo, asistía con mis hermanos cada semana y nunca faltamos, mi madre no se cansaba de decirnos que el que hiciéramos eso era la voluntad de Dios. Conforme fui creciendo me decían que sucederían algunas cosas en mi cuerpo y que no debía caer ante la tentación carnal, por lo tanto tenía que prometer que no practicaría nada parecido hasta que me casara, porque así lo pedía la iglesia.

Cabe destacar que cuando esto sucedió yo apenas tenía 11 años, así que en realidad no había pensado en eso y sólo me importaban mis muñecas, ni siquiera había llegado mi periodo, así que fue un poco impactante.

Pasó el tiempo y mi madre se ponía cada vez más obsesiva con el tema, no dudada en recordarme con agresividad la promesa que hice cuando era una niña, aumentando cosas como que si llegaba a desobedecer lo que Dios quería entonces me iría al infierno por cometer el pecado mortal. Me asustaba la idea de que eso pasara y por lo tanto me formé la idea de que cuando llegara el momento de casarme me entregaría a quien fuera mi esposo en todas las maneras posibles.

Así es, sería la persona que haría todo bien, sin importar que mi esposo ya hubiera cometido el pecado mortal antes de casarse conmigo, creía fervientemente que yo llenaría de amor su vida y que por eso libraría a nuestra familia de cualquier resentimiento por parte de Dios.

Crecí y conocí a mi “amor verdadero”, todo era miel sobre hojuelas porque había respetado mi decisión de esperar hasta que nos casáramos, tuvimos un año de noviazgo y después me pidió que fuera su esposa. Yo estaba más que contenta, tuvimos una ceremonia de lo más bonita y mis padres eran las personas más orgullosas del mundo, su hija iba a ser feliz para siempre y todo estaba bien.


Después de todo el desastre de la fiesta, llegó el momento de nuestra noche de bodas, llegamos al cuarto del hotel y yo ya no podía de los nervios, porque no tenía idea de qué hacer ni cómo comportarme. Mi esposo vio como yo tenía un poco de dolor pero eso no lo detuvo a continuar a su paso. Cuando él terminó sólo se volteó y quedó profundamente dormido, mientras yo me sentía sola y de lo peor por haber cometido pecado, aunque no debería, ya que se supone que estaba bien ¿no? Digamos que sentí de todo menos regocijo. 

Cada que llegaba la noche era una pesadilla porque significaba que él me tocaría otra vez, y sólo pedía a Dios que ese día estuviera muy cansado para hacerlo.

El acto “de amor” se convirtió en una obligación y a los 5 meses quedé embarazada de mi primer hijo, y dos años después  apareció otro bebé en mi vida.

4 meses después de que nació mi segundo pequeño descubrí que mi esposo me era  infiel, lo cual dejé pasar por mis hijos, pero un año más tarde él lo volvió a hacer y ahí tuve que decir BASTA, sin importar lo que dijeran mis padres.

Así fue como llegué pura y casta al matrimonio y no recibí nada a cambio, no me arrepiento porque gracias a eso tengo a dos hijos encantadores, pero en cuestiones de amor y cuidado siempre estuve sola, me traicionaron y definitivamente nada fue para siempre. En la actualidad tengo 29 años y ya soy una mujer divorciada que trabaja muy duro para sacar a mis hijos adelante, ya que mi ex esposo no aporta ni un peso.

Procuro disfrutar de mi vida y dejé de ir a la iglesia, me arrepiento un poco de no haber explorado más en mi adolescencia pero ahora estoy tratando de recuperar ese tiempo perdido que se suponía era “PARA BIEN”, y deslindarme de esa promesa que no me trajo más que infelicidad.”

Historias como estas hay muchas, no permitas que nadie decida por ti y disfruta, si tomas la decisión que sea por tu cuenta y no porque alguien te obligó, conócete y aprende por lo que quieres luchar.

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